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El cuerno nos iguala

Seas político, carnicero o ama de casa, ante la cornada de la infidelidad somos todos iguales. Reflexiones tras el escándalo Daniel Scioli- Gisela Berger.

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Haber escrito un libro sobre las infidelidades de la farándula argentina titulado “Cuernos” quizás no me haga una experta absoluta en el tema, pero haberlos sufrido en cabeza propia, tal vez sí. Y aunque el asunto que hoy nos ocupa tiene que ver con las cornadas en el mundo de la política, podríamos decir que aquí no hay rubro que valga, damas y caballeros. El cuerno es cuerno en el ama de casa, el empresario, el médico, la maestra, un ministro o el Presidente, con la única poderosa vitamina que le da el poder, el dinero o los favores a cambio. Pero el cuerno, básico, vital y móvil, como el sol, siempre está, y como la muerte, nos iguala…

Esta vez lo pescaron a Daniel Scioli, de 60 años, y oh sorpresa, cuando todos hubiéramos imaginado que la primera en pisar la hilacha y poner las huampas sería esa hermosura llamada Gisela Berger (30), la modelo que el exgobernador de la provincia de Buenos Aires conquistó después de su confirmada separación de Karina Rabolini (pero que tendría desde antes ya que, como sabemos, los últimos años de ese matrimonio no fue más que un arreglo convenido entre ambos y que bastó perder las elecciones a Presidente para que, taza, taza, cada cual para su casa y a blanquear nuestros amores que ya está bien de tanto cuento…), fue al revés. La susodicha, bellísima, le pescó unos chats comprometidos con una colega del género de las “queni” (que ni baila, que ni canta) llamada Sofía Clérici, que se hizo famosa por sus tatuajes y sus desnudos en tapas de revistas de hombres, menos fina, convengamos, pero muchísimo más hot, felina y lanzada que Berger, y a la que supimos conocer también como tercera en discordia de otras parejas de la farándula. Y cuando una, y aquí hablo como mujer, lee la noticia, no lo puede creer. ¡¿Cómo es posible que un hombre sea tan, pero tan tonto para dejar que le pesquen las conversaciones de chat?! Hay varias respuestas. O más que descuidado es poco ducho en tecnología; tiene al lado a un pichón de Sherlock Holmes versión 2.0, o literalmente quería que lo descubrieran porque está más allá del bien y del mal y su chica de turno ya le estaba estorbando. Si no, no se explica que en el 2017, a un hombre con tanto poder a su alrededor le descubran una infidelidad virtual así de fácil. Y se los dice una periodista, experta en investigaciones privadas…

Por supuesto, Berger cantó primero, confirmó que estaba separada y lo escrachó a su Danielito bien escrachado en las redes sociales, al igual que a su amante, como hay que hacer, porque la venganza y el escarnio público, digan lo que digan los psicólogos y las terapias, son necesarios en ese primer instante de la puntada en la frente, en ese momento en el que entendés que, como decía la abuela, de los cuenros y de la muerte nadie se salva. Necesitás hacerlo, es imprescindible que todos se enteren de que ese que la va de santito no lo es, y, sobre todo, que las próximas sepan la joyita que se lleva. Ya vendrá el tiempo para superarlo, hasta tomárselo con humor y guardarlo como anécdota, porque si hay algo claro en la filosofía del cuerno es que pasa, se supera y deja mucho aprendizaje. Pero en el momento, hay que desahogarse, y Berger eligió el camino más rápido. Y aquí, las simples mortales, agradecidas… Es que veníamos de saber que a Pampita la habían corneado duro y parejo, y ahora vemos que a esta diosa rubia de medidas perfectas y ojos celestes también, lo que no hace más que confirmar una regla del cornudo y la cornuda: La belleza no es garantía de confianza y, menos, de fidelidad.

Otra regla es “no se engaña con quien se quiere sino con quien se puede” y “si te vienen a contar que sos cornuda/o, decí que ya lo sabías y que no te importa, porque hace rato que entre ustedes estaba todo terminado”. Pero la de oro, el mandamiento supremo, aquí sí, más del hombre corneador que de la mujer infiel (aunque con excepciones, somos más directas y asumidoras de deslices, errores y engaños) es “vos negá, siempre negá”. Eso debe estar haciendo Daniel, con su poder político a cuestas, con fe, con esperanza, seguramente igualado al humilde carnicero de la esquina cuando su mujer le muestra las fotos entrando al telo con su amante, gráficas, contundentes, irrefutables. Vos Negá, siempre negá. Hasta el final.

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