Revista Look

Creadores

El misterioso Balenciaga

Rara vez hacía declaraciones. No dejaba que modelos bellas exhibieran sus vestidos. No daba entrevistas. Se ocultaba en sus propios desfiles. Sin embargo, es el couturier más famoso y venerado de la historia. ¿Por qué?

cristobal balenciaga, el hombre - argmoda - sol kazin

A los trece, ya había decidido cuál sería su oficio y no necesitó más que un trozo de tela -junto a un vestido a imitar- para conquistar a su mecenas, la Marquesa de Casa Torres. Sólo diez años más tardó Cristóbal Balenciaga en convertirse en la máxima deidad de la historia de la alta costura.

“Un modisto debe ser arquitecto para los planos, escultor para las formaspintor para el color, músico para la armonía y filósofo en el sentido de la medida“. Ése era su lema.

Sus creaciones, basadas en la comodidad, la pureza de líneas e inspiradas en la tradición flamenca, le valieron el éxito mundial tras exiliarse en París durante la Guerra Civil española.

Pulcro, detallista al extremo, constante. Podía llegar a tener cien turnos con clientes por día o a deshacer sus prendas decenas de veces para rehacerlas otras tantas. No era de los diseñadores que bocetaban, sino de los que cosían y bordaban –hasta que los brazos dolieran-.

Quienes tenían la suerte de llevar sus prendas, hablaban de voluptuosidad, de libertad de movimiento, de vestidos que fluían y de corrientes de aire que circulaban entre las capas, procurando la sensación de una caricia. “La ropa debe seguir al cuerpo, no viceversa.” Junto a Chanel, impusieron la liberación definitiva del corset. En paralelo al New Look, propuso la silueta barril como contrapunto.

Para entonces Christian Dior lo llamaba “el maestro de todos nosotros”, mientras Coco Chanel agregaba que era “el único modisto en el verdadero sentido de la palabra”. A la silueta tonneau (barril), siguieron el vestido túnica, el vestido baby doll, el estilo semiajustado -encinturado por delante y suelto atrás-, el corte pavo real, las mangas globo y su implacable labor con el encaje. Pero Balenciaga no anunciaba cada uno de sus éxitos, simplemente dejaba que éstos hablaran por él.

En efecto, su rechazo a la frivolidad impedía que la prensa solicitara montar sus vestidos sobre bellas modelos. Sostenía que, para lucir un auténtico Cristóbal Balenciaga, “una mujer no tenía necesidad de ser perfecta ni bonita, el vestido lo haría por ellas.” En desfiles que duraban hasta dos horas en silencio absoluto, las ‘Monstruos‘ –como los periodistas bautizaron a sus modelos– se paseaban con un número en la mano que identificaba el vestido, sin mirar a los espectadores.

De su vida privada poco se sabe. Reacio a la fama, se ocultaba detrás del telón en sus presentaciones de colección. Denegó todas las entrevistas que le propusieron, excepto una donde declaró que su desagrado por la publicidad era causa de la “imposibilidad de explicar su labor“. Para él, “es más importante el prestigio que la fama. El prestigio queda, la fama es efímera”. Pero sus discípulos y colegas, terminaron por completar un boceto de su personalidad.

Hubert de Givenchy aún hoy lo recuerda como el hombre que cambió su vida: “Él me apoyó como hizo con otros muchos. Siempre estaba dispuesto a asesorar y ayudar, era una excelente persona, un dios para mi. Lejos de ser un monje como dicen, él adoraba reír y contar historias. Además hacía el mejor Martini seco que he probado”. Mientras André Courrèges lo describió como “un ser extraordinario, de dimensiones poderosas; generoso, inteligente, humano”.

Su adoración por la hechura subsistió hasta que la Alta Costura se vio opacada por el prêt-à-porter. En 1968, Balenciaga se niega a pelear contra la nueva tendencia y decide cerrar sus puertas para volver a España, donde fallece cuatro años más tarde.

“El rey a muerto”, titularon los diarios sin más. Pero cientos de diseñadores se encargan aún hoy de honrarlo replicando sus volúmenes, imitando su confección. Quizás en un intento no muy próspero de encontrar su fuente interminable de inspiración. Pero más seguramente por puro amor hacia el verdadero arte de la alta costura.

 

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